I- EL DIOS QUE SE REVELA (v. 1)
El autor empieza contrastando a Jesús con los profetas de tiempo antiguo.
1. “En el pasado Dios habló muchas veces”. Señala
épocas, tiempo, espacio y lugares.
Dice que Él vino al final de estos días que estamos viviendo. Los judíos dividían todo el tiempo en dos edades: la presente, y la por venir.
Entre ambas colocaban el Día del Señor. La edad presente era totalmente mala; la edad por venir iba a ser la edad de oro de Dios. El Día del Señor sería como los dolores de alumbramiento de la nueva era.
2. “Muchas maneras.” Indica formas, métodos y
maneras.
3. “A nuestros padres”. La revelación fue dirigida
específicamente al pueblo judío (Rom 3:1-2)
4. “A los profetas.” La revelación fue entregada a un
grupo en particular, a los profetas.
Dice que la revelación de Dios la transmitieron los
profetas en muchas ocasiones (polymerós) y de muchas maneras (polytropós).
Aquí hay dos ideas.
(i)
La revelación de los profetas
tenía una grandeza multiforme que la hacía algo tremendo. De edad en edad
habían hablado, y al mismo tiempo, esa revelación era fragmentaria, y había que
presentarla de tal manera que se pudiera entender en las limitaciones de cada
tiempo. Es algo sumamente interesante el ver cómo una y otra vez los profetas
se caracterizan por una idea.
Por ejemplo,
- Amós es una llamada a la justicia social.
- Isaías había
captado la santidad de Dios.
- Oseas,
partiendo de su propia y amarga experiencia familiar, había comprendido la
maravilla del amor perdonador de Dios.
Cada profeta, de su propia experiencia
de la vida y de su experiencia de Israel, había captado y expresado un
fragmento de la verdad de Dios. Ninguno había abarcado la totalidad de la
verdad.
(ii) Los profetas usaron muchos métodos. Usaban la palabra; y,
cuando este método fallaba, usaban la acción dramática (Cp.1 Reyes 11:29-32;
Jeremías 13:1-10; 27:1-7; Ezequiel 4:1-13; 5:1-4). El profeta
tenía que usar métodos humanos para transmitir su parte de la Verdad de Dios.
La revelación de los profetas era grande
y multiforme, pero era fragmentaria, y presentada por los métodos que los
profetas tenían a su disposición y podían usar efectivamente.
La revelación de Dios en Jesús es
completa, y presentada en el mismo Jesús. En una palabra: los profetas eran
amigos de Dios; pero Jesús era otra cosa: era Su Hijo.
Los profetas
captaron una parte de la mente de Dios; pero
Jesús era esa Mente.
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